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Rachel y Manuel

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Apuntes biográficos de Don Arturo Suárez García

Don Arturo Suárez García nació en San Miguel de Allende, Gto. El día 7 de Agosto de 1910; a los diez años perdió a su madre, Doña Francisca García, quien murió de pulmonía. Cursó la escuela primaria en una de esas instituciones particulares con un solo profesor y un salón único donde se enseñaban todos los grados; cabe mencionar que entre sus compañeros había uno, mayor que él, que era Pedro Vargas quien a la postre sería llamado “El Tenor Continental” y otro de su misma edad que fue el Dr. Roque Carbajo, autor del famoso bolero “La Hoja Seca” y de nuestra canción “San Miguelito”.

En sus últimos años de la adolescencia, fue administrador de la Hacienda de Támbula de donde regresaba en una ocasión a San Miguel, montando un caballo flaco, que habían abandonado los revolucionarios en el campo. después de saquear la hacienda; desgraciadamente este caballo tenía el fierro del Ejercito Mexicano y cuando se topó con un destacamento de soldados, estos lo tomaron como espía revolucionario y sumariamente lo sentenciaron al paredón; cuando estaban a punto de fusilarlo, pasó por ahí de casualidad Don Julián Ramírez, dueño del rancho de San Julián, quien habló con el comandante del destacamento para garantizar la identificación del joven Arturo, quien así, salió del aprieto, aunque tuvo que continuar su camino a San Miguel a pie. Este hecho lo convenció de cambiar de carrera.

Fue entonces cuando por casualidad pasaba por San Miguel un fotógrafo ambulante, que, como se acostumbraba en esos tiempos, iba de pueblo en pueblo, anunciándose con anticipación en cada uno y pasando unos días en cada plaza haciendo retratos; el joven Arturo, se hizo tomar un par de retratos que la familia aún conserva, pero lo más importante es que le impresionó tanto esa tecnología que le pidió empleo al maestro fotógrafo, quien accedió, ya que estaba en la necesidad de un asistente; y fue con este maestro con quien aprendió todos los pasos técnicos de la fotografía, desde cómo preparar las placas para hacer los negativos, que entonces eran de vidrio y comúnmente no se conseguían prefabricadas, y por supuesto desarrollar las fotografías y entender el funcionamiento de las cámaras y sus diferentes lentes, las impresoras de contacto y las amplificadoras, el uso de la iluminación, tanto natural como artificial, el propósito de la distancia focal y la luminosidad de los lentes, según el objeto de la foto, etc.

Eventualmente y después de haber aprendido todo lo que aquel generoso maestro le podía enseñar, decidió establecerse permanentemente en San Miguel, calculando que la plaza era suficientemente grande para mantener a un fotógrafo de planta. Fue entonces cuando conoció a quien sería su compañera para el resto de su vida, la entonces, Srta. Antonia Oliden Loredo, con quien contrajo matrimonio el 24 de Junio de 1934.

Para entonces había desarrollado dos habilidades que nunca lo dejaron, la de “Artista Fotógrafo” y la de comerciante, que ya le venía de familia, ya que su padre fue Don Victoriano Suárez Rangel, que por muchos años tuvo su tienda “La Esmeralda” frente al templo de San Francisco. Estas dos habilidades, bien equilibradas, fueron la clave de su éxito, ya que la fotografía, siendo una profesión muy noble, muchas veces no es suficiente para mantener decorosamente a una familia, sobre todo a una tan grande como la que tuvo Don Arturo.

Tuvo una curiosidad natural acerca de la tecnología, lo que le permitió siempre estar al borde más adelantado de esta, como un ejemplo, una de sus fotografías más dramáticas y más premiadas, fue tomada con película infrarroja, que se había desarrollado para reconocimientos militares durante la segunda guerra mundial; esta película no solo capta la luz sino también las temperaturas altas; esta capacidad fue explotada por artistas como Don Arturo, para lograr fotografías más impactantes. La fotografía mencionada fue tomada desde la parte más alta del Callejón del Tecolote, con la torre de la parroquia y la iglesia de San Francisco al fondo, con un cielo tupido de increíbles nubes que muestran un fondo oscuro, efecto de la película infrarroja; esta foto es digna de estar junto a la obra de los mejores artistas, ya sean fotógrafos o pintores.

Cuando Don Felipe Cossío del Pomar, gracias a un contrato con el gobierno de EEUU, abrió “La Escuela de Bellas Artes”, uno de los primeros maestros fue Don Arturo, quien entonces tuvo la oportunidad de asociarse con fotógrafos profesionales y pintores famosos, entre ellos David Alfaro Siqueiros y crear entrañable amistad con destacados maestros de la fotografía como John G. Roberts y artistas como Stirling Dickinson, Leonard Brooks y su esposa Reva (también fotógrafa) y James Pinto.

Por razones políticas que no tienen nada que ver con el arte, la Escuela de Bellas Artes se dividió en dos facciones; no se hará mención de los detalles, ya que esa es otra historia, pero si diremos que ese hecho dio lugar a la creación del “Instituto Allende” que fue fundado por el ya mencionado Cossío del Pomar y por el exgobernador de Guanajuato, Don Enrique Fernández Martínez, que para el efecto adquirieron la casa solariega de la familia De La Canal en La Calle Ancha de San Antonio, que estaba entonces en ruinas, razón por la cual, Don Arturo, que a la sazón rentaba lo que había sido el colegio Salesiano, en la calle Insurgentes, atrás del antiguo mercado municipal, facilitó este edificio para albergar temporalmente al nuevo Instituto Allende, cuyo nuevo y completamente restaurado edifico, fue ocupado poco tiempo después.

Don Arturo continuó como maestro de fotografía en esa institución por muchos años en los que acumuló una colección fotográfica muy significativa, tanto en la calidad como en la cantidad.  Fue siempre, de facto, el fotógrafo oficial del Instituto Allende, encargado de tomar fotos de los eventos llevados a cabo ahí, como exposiciones de arte, visitas de huéspedes distinguidos como Rita Hayworth, el famoso poeta chileno Pablo Neruda que visitó San Miguel como huésped del Sr. Cossío del Pomar y su esposa la Sra. Estrella; tomó una historia fotográfica de la pintura “El Hombre Cósmico” de Rufino Tamayo la cual fue realizada en el propio Instituto.

Otra muestra de su habilidad e iniciativa fue evidente cuando en una ocasión el Sr. Cossío del Pomar necesitaba unas reproducciones de obras de arte para una publicación en la que estaba trabajando, lo cual comisionó a Don Arturo, solo que una de las condiciones era que los negativos deberían ser por fuerza de 5×7 pulgadas; Don Arturo aceptó la comisión sin ninguna vacilación aun cuando en ese momento no tenía una cámara de ese tamaño; siempre tuvo una infinidad de partes para equipo fotográfico entre ellas , esa vez, tenía un fuelle nuevo con el que pensaba reponer uno que ya estaba dañado, una cremallera y una infinidad de lentes diferentes, el caso es que ni tardo ni perezoso, se fue inmediatamente con un carpintero al que le tenía mucha confianza y entre los dos construyeron esa tarde una cámara 5×7, con la que tomó las reproducciones requeridas y la que, como buen comerciante, vendió eventualmente a muy buen precio.

Su amistad con sus colegas maestros del Instituto Allende, le permitió estar siempre al tanto de las últimas novedades, tanto en el arte como en la tecnología; entre sus colegas mexicanos estaba Simón Ybarra, maestro de escultura; Don Felipe Vázquez, maestro de cerámica y otros cuyos nombres escapan a la memoria; es importante mencionar que entre sus colegas que vinieron de EEUU, estuvieron el ya mencionado John G. Roberts con quien experimentó técnica fotográficas realmente revolucionarias, como era el forzar el índice ISO de una película dada y compensar con el tiempo de revelado y por supuesto la tecnología que de casualidad, en estos días está saliendo al mercado como tecnología de uso práctico y que es la cámara de campo de luz, que aunque alguien la ideó desde el año 1908, hasta el advenimiento de las computadoras electrónicas, su uso y función era difícil y muy caro. Esta tecnología promete ser el futuro de la fotografía, y afortunadamente, Don Arturo tuvo la oportunidad de experimentar con ella con la tecnología limitada de ese tiempo, gracias a su amistad con sus colegas estadounidenses.

Otra tecnología en la que participó, aunque de una manera limitada, fue en la grabación de sonido ya que tuvo una pequeña parte en la producción del disco de 10 pulgadas, de 33 1/3 RPM que se publicó inicialmente con el nombre de: “Sounds of San Miguel” en los años 50 por Marge y Fred Hillman; posteriormente los derechos del disco fueron adquiridos por el Lic. Luis Rayas, íntimo amigo de Don Arturo, y publicado en la versión de 12 pulgadas llamada: “Imágenes Sonoras de San Miguel.

Por muchos años tuvo su tienda en la calle de Mesones y se llamaba “La Casa del Pueblo”, en esa tienda se vendía de todo menos comida, como le gustaba decir a Don Arturo: “aquí vendemos desde una aguja, hasta una locomotora” y por supuesto no podía faltar en ella un laboratorio y material fotográfico, ya que fue por no menos de cuarenta años el distribuidor de la casa Kodak Mexicana en San miguel de Allende, así continuó hasta cerrar la tienda y semi-retirarse, sin por eso dejar de tener un estudio y laboratorio en su casa en la Calle de Jesús #14 hasta que las facultades le faltaron un poco antes de su deceso en el 2001; unas semanas antes, el Instituto Allende celebraba un aniversario y Don Arturo fue reconocido, aunque no en persona por no estar en condiciones de asistir, como uno de los fundadores de esa institución.

Descanse en paz, Don Arturo Suárez García.